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El niño que no sabia llorar....El niño que no sabía llorar nació mientras las bombas caían en una pequeña aldea cercana a Bagdad. Vio la luz en una barraca en Tailandia mientras su hermana de doce años se contagiaba del SIDA al prostituirse para poder comer. Vino al mundo como mujer en China y nació con hambre entre Etiopia y Sudan. No conoce a su padre pero sabe algunas cosas de él. Dicen que era un hombre con principios que gobernaba en Estados unidos, en España, en el Reino unido y durante años en Irak. También lo hizo un día en Chile, en Rusia y en Afganistán. Que era un tipo normal, que al comenzar el día tomaba Nescafé y siempre leía la prensa en el metro para interesarse por los demás. Un tipo sano, que iba al Gimnasio y hacia ejercicio con ropa Nike, que era empresario, que trabajaba en una oficina de nueve a seis y que una vez le dieron un premio por su labor en una campaña de publicidad. Tenía un BMW y un Peugot 306, vestía de Armani y compraba trajes en el corte inglés. Los sábados gastaba ocho euros y ocho dólares en copas de cacique y licor 43. Bebía whisky y le gustaba el cine experimental, era amante del gore y el animé japonés; un sibarita del cine clásico y un excelente jugador de ajedrez. Le gustaba el bogavante, comer en un Mac Donals y celebraba el fin de año en la tour d’argent. Preocupado por el medio ambiente reciclaba el plástico y el papel. Veía el telediario en casa con su esposa y consumía pornografía en Internet. Tenía un amigo que era gay y una amante que era más joven que él. Veía en televisión el Gran Hermano, grababa los documentales de la 2 y compraba fascículos en DVD. Con la navidad siempre se acordaba de su hijo y orgulloso le ingresaba dinero mediante la cuenta de una ONG. Pero a pesar de todo el niño era feliz, y como era feliz nunca lloraba. Era feliz porque estuvo un tiempo en los brazos de su madre antes de que una bomba inteligente la despedazase. Porque aún le quedaban tres hermanos con vida de los que habían sido diez. Porque el día que pisó aquella mina, un medico suizo le logró reconstruir el pie. Era feliz, porque recibía paquetes de ayuda humanitaria y le escribían postales de la UNICEF. Nunca celebró su cumpleaños, porque nunca supo que día nació. No tuvo una puesta de largo para presentarlo en sociedad, no jugaba al tenis ni estudió en Opening el inglés. Pero era feliz, era feliz porque el cielo a veces era azul, porque nunca pasó bulimia ni vigorexia, ni jamás sufrió de estrés. Porque no tenía un padre que le pegase, ni las autoridades le prohibieron hacer el botellón. Porque no tenía que pedir un crédito para comprar un piso con mucha luz, ni gastar en muebles que hiciesen juego con el color de la pared. Feliz y agradecido tenía una bandera de colores en la habitación y nos saludaba en la tele desde su trono de rey en un basurero de plástico, alquitrán y papel. Y ahora nos mira a nosotros pensativo y extrañado, y nos ve llorar y autocompadecernos. Y siente en su pecho nuestra infelicidad contemplando con sus pequeños ojos negros nuestros miedos y caprichos. Y siente lástima por nuestra desgracia y nos regala sonrisas y nos hace enternecer. Y le miramos, y sonriendo nos decimos: - Que majo, que mono. Esa carita demuestra que sin tener nada uno puede ser feliz. Y él nos sonríe de nuevo, sin saber muy bien por qué. 06/01/2006 16:56 Comentarios » Ir a formulario |
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