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FATALIDAD(Tragedia moderna en tres escenas musicales) Escena I Un hombre. Inclinada su espalda, codos sobre las piernas, manos sosteniendo la cabeza, palmas dando marco al rostro, dedos enterrados en el pelo, ojos entreabiertos, mirada en el suelo. El suelo. Pasto y tierra, verdes amarronados y marrones verdosos, olor a clorofila que hierve, algunos papeles, dos pies y dos piernas, un hombre. Un hombre mira el suelo. Sentado en un banco, contorsiones al margen, alcanza a oler a clorofila caliente. Un boleto amarillento. Y partes de sí mismo. Una plaza. El sol presente. Un hombre. Contorsionado. Mira el suelo. Ve: pasto y tierra, verdes amarronados y otras variantes. Uno o dos boletos de distintas líneas. Logra reconocerse a sí mismo en un par de zapatos negros embarrados y dos piernas. Escena II Una mujer. Acostada, manos sobre la nuca, nuca sobre las palmas de las manos, dedos entrecruzados, ojos entreabiertos, piernas flexionadas, ambos pies y sus respectivas plantas sobre el suelo. Suelo que es pasto. Mira al cielo. Cielo. No hay nubes, no hay pájaros. Homogeneidad cromática.. El sol cocina con lentitud al pasto. Habrá noche y será la necesaria tregua. Hará frío. Pero ahora es de día y el sol calienta. El cielo ofrece una imagen panorámica y chata. Una mujer recostada sobre pasto que hierve mira atónita el cielo perfecto de una mañana. Podría ser primavera. Casi no piensa.. Sólo mira. Sola. Una plaza. El sol presente. Una mujer. O lo que queda de ella. Mira el cielo atónita, no por su color. No piensa, disfruta del sol, de un olor que no percibe porque no conoce. Escena III En una plaza un hombre mira, con los ojos casi cerrados (quizás imagina) un suelo de matices. Enfrente, una mujer mira, con los ojos casi abiertos (quizás imagina) un cielo de perfecta homogeneidad cromática. Él, reclinado sobre sí mismo. Ella, acostada. La mujer se levanta, camina hacia el sur y toma la vereda. Le arden los ojos. El hombre se reclina hacia atrás y mira el cielo, luego mira hacia delante. La plaza esta vacía. Dos imágenes, dos agonías matutinas, juntaron a dos personas en la trágica aventura del desencuentro. No se vieron. Quizás porque no debían. Lo cierto es que jamás volverán a unirse. Tal es la fatalidad de sus vidas. No encontrarán nunca aquello que buscaban. Y no sabrán jamás que ni el suelo ni el cielo fueron un lugar adecuado. - Fin 08/04/2006 10:48 Comentarios » Ir a formulario |
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